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Conversaciones que transforman. “Puedes solucionarlo sólo…”

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“Conversaciones que transforman”

Puedes solucionarlo sólo…

 

Hijo: Papá, hoy todos me decían “puedes solucionarlo sólo, puedes solucionarlo sólo…”

Padre: Pero… ¿que puedes solucionar sólo?

Hijo: Quería coger un patinete, y no me lo dejaban…

Fui a junto todos los profesores del patio y todos me decían lo mismo; “puedes solucionarlo sólo”

Padre: ¿Y lo solucionaste?

Hijo: No papá…

Padre: ¿Y que crees que podrías hacer?

Hijo: No lo se…

Padre: Eres capaz de solucionarlo, por eso todos te repetían lo mismo, vamos a decir cosas que podrías hacer para que te presten el patinete…

¿Qué cosas exactamente podrías hacer?

Hijo: Decirle que cuando vaya hasta el otro lado del patio me lo deje…

Padre: ¿Y que más?

Hijo: Ir al otro lado del patio y pedírselo.

Padre: Y sino te lo deja, ¿a que otra cosa crees que podrías jugar mientras?

Hijo: En el parque papá…

Padre: Y como te sentirías.

Hijo: Un poco triste porque no tengo el patinete…

Padre: Es normal que te sientas triste, ¿Qué te podría hacer sentir un poco mejor?

Hijo: No lo se…

Padre. ¿Hablar conmigo ahora?, ¿nos abrazamos?

Y así acabamos una cómplice y respetada conversación.

 

Validar sentimientos, expresando, soltar, compartiendo, empatizando…es una de las maneras a través de las que podrás conectar con tus hijos, enriqueciéndoos y caminando hacia la confianza y la complicidad.

Respeta siempre sus sentimientos, sus miedos, sus dudas, sus necesidades en general, respeta también que no le apetezca contártelo. Escúchalo muy atentamente sin emitir juicios, sin compararlo, “es como su padre, su tío hacia igual, etc…”

Decirte que tu hijo es único y es verdad que en ocasiones copian a las personas que están a su lado, pero tu hijo tiene su personalidad, deja de etiquetarlo y observa, escucha y de este modo conócelo desde su esencia, desde su ser.

No lo amenaces, ni lo ridiculices con frases como “mira que eres tonto…se lo quitas y ya está”, “si a ti no te lo dejan tu tampoco lo dejes”, “pues le dices a la profesora que se lo quite”, “ya hablaré yo su madre…”

De este modo no habilitaras a tu hijo para la vida, sino que lo anularás, no dispondrá de recursos para enfrentarse hacia una adolescencia o madurez llena de adversidades.

Y ten presente que tu hijo se va a acordar más de lo que tu HACES que de lo que tu le DICES.

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